La caseta es un gran termómetro del estado del municipio, de lo que piensan nuestros simpatizantes (y los que no lo son) y así nos lo certifica la experiencia atesorada durante todos estos años. Y podríamos decir que Leganés, más allá de sentir que están siendo unas fiestas un tanto descafeinadas, está expectante ante lo que pueda hacer la administración del PP. No es que tengan mucha fe en ellos (supongo que sus votantes más convencidos sí), pero conocida la nefasta gestión de los anteriores, de momento, incluso la gente con tendencias más de izquierdas, quieren dar un margen de maniobra. También se ve que hay mucha confianza en que desde ULEG podamos suavizar los perfiles más derechistas del nuevo gobierno y que seamos la garantía de que se hagan las cosas en beneficio del interés general. También estamos viendo el escasísimo o nulo efecto de la propaganda que quiere hacer ver que PP y ULEG son lo mismo. Es lo que suele pasar cuando detrás de una cortina de humo, una vez se disipan los vapores intoxicadores, se observa que no hay una realidad que sostenga ni tan siquiera mínimamente la burda mentira.
La crisis y el desempleo son, lamentablemente, los temas estrella. No estamos ante unas cifras frías escritas en un papel. Hay un drama mayor o menor en cada uno de esos números. Cada día nos llegan testimonios de lo crudo que está siendo encontrar un trabajo o simplemente pagar las facturas. Por otro lado, uno de los comentarios que más nos repiten los vecinos es que mantengamos la línea de independencia y de trabajo no sectario en pro de la ciudad. Y esto lo tenemos grabado a sangre y fuego, siendo conscientes de la dificultad que entraña el adoptar este camino. El otro día lo escribí en nuestra cuenta de twitter y levantó ampollas en cierto sector político de Leganés, al recordar parafraseando a Napoleón, que "la independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas".




