
Hoy domingo a las 8.15 a.m. hemos aterrizado en Barajas provenientes de Ecuador. Como ya saben, una delegación del ayuntamiento de Leganés de la que formábamos parte ha estado estos últimos cinco días en el cantón de Macará, un pequeño territorio al sur de Ecuador, en la provincia de Loja, y que alberga a unos 30.000 habitantes. El motivo principal era el formalizar oficialmente el acuerdo de hermanamiento que fue aprobado en pleno por unanimidad de todos los grupos políticos de Leganés. La estancia también serviría, o así lo hemos entendido en ULEG, para que desde una perspectiva política, y no solo técnica, se conociera de primera mano la realidad de esa región, se comprobara la utilidad real de la cooperación internacional y se controlara que el dinero que los leganenses se destina adecuadamente.
No os mentiría, y ahí están las hemerotecas, que
en ULEG siempre hemos visto estos viajes con cierto recelo, y hemos dudado de la eficacia de estas ayudas. De hecho, en la presente legislatura ya habíamos declinado otras invitaciones. Pero también es cierto que para criticar algo es preciso conocerlo, y el hermanamiento con Macará era una buena ocasión, puesto que la presencia en el país latinoamericano respondía a un importante acuerdo institucional que había que solemnizar y que era fruto de la voluntad unánime de ambas corporaciones y de los diferentes signos políticos que las integran.
Siempre surge la polémica, demagógica o no, de por qué destinar recursos fuera de nuestro municipio si en nuestra localidad, en este caso Leganés, hay muchas personas y barrios necesitados. Y creo que es una polémica que es difícil que quede cerrada, porque
caben distintos y legítimos puntos de vista. Por lo que a mí respecta, y en lo que a esta experiencia concreta se refiere, me gustaría trasladar dos mensajes. Uno sería que, y por poner una cantidad de ejemplo, mientras
doce mil euros no suponen un gran impacto en Leganés, en una localidad como Macará puede significar un cambio estructural extraordinario en la calidad de vida de sus habitantes. Ya sea un autobús que llegue a los diversos rincones para facilitar asistencia médica, ya sea una obra que permita potabilizar un agua que ya no será foco de infecciones ni enfermedades, ya sea una escuela que alfabetizará a cientos de niños… Y esto lo he podido ver con mis propios ojos. Otro mensaje a destacar es que en las sociedades del siglo XXI nada de lo humano nos puede ser ajeno y menos en este caso, ya que en Leganés viven más de 2500 ecuatorianos, en su gran mayoría de esta región de Macará. Por tanto, incluso dejando a un lado discurso de la solidaridad o de la cooperación al que sería cómodo agarrarse, hay un argumento “egoísta”, y es que no podemos olvidar que las personas emigran para mejorar sus condiciones, y que si mejoramos aquellas en el propio país de origen, menos razones tendrán para tener que abandonarlos y la inmigración será menos percibida como problema.
Asimismo, el trato recibido por las autoridades y la propia población durante estos agotadores e intensos días ha sido extraordinario, cálido y muy agradecido. Un agradecimiento sincero que han extendido repetidamente a todos los vecinos de Leganés y que os traslado desde estas líneas. También aprovecho para expresar públicamente mis felicitaciones a
la asociación Los Arrayanes, donde personas como Edgar, Emilio o Lourdes nos han hecho sentir como en casa.
Tampoco quiero aparcar el debate respecto a la pregunta latente de si se obtendrían los mismos resultados con menos viajes y menos representantes.
Seguramente sí, ahora bien, os puedo asegurar que la delegación ha sido austera en los gastos. Además, muchos de ellos han corrido de parte de las autoridades locales. Y para los curiosos, los vuelos contratados han sido de clase turista.
Por otro lado, y como sabéis que hacemos de la transparencia un valor político y social fundamental tengo que aclarar que la relación entre todos los representantes de la delegación de Leganés,
incluida la mía con el alcalde, ha sido impecable, cordial y respetuosa, porque como he dicho siempre, las diferencias políticas, que las hay y son evidentes, no se pueden ni se deben trasladar al plano personal. Asimismo, tengo que reprochar el tonillo que desde el PP han querido dar a este viaje y que se ha pretendido trasladar por Internet. Pero lo cierto es que cuando se planteó este viaje en una Junta de Portavoces de hace varios meses, lo aceptaron sin ninguna pega, se cambiaron fechas para que pudieran acudir porque coincidía con algunos congresos, e incluso la persona que iba a ir (y que es vox populi) dio sus datos, pasaporte…, a la delegación de cooperación. Otras razones que precisamente no han sido las “humanitarias o económicas” fueron las que hicieron que declinaran venir a última hora, lo que además ha provocado un gasto extra para anular el billete.
Me dejo algunas cuestiones en el tintero (la polémica con la asociación de vecinos de Leganés Norte, el pleno de este jueves, una revista La Plaza cada vez más sectaria, los nuevos frentes judiciales que se le han abierto al alcalde por su cuanto menos arbitrario proceder… ) que si os parece y para no hacer muy ladrillo el post podemos ir tratando en el debate, espero que respetuoso, que se abra y donde daré, sin intermediarios, mi visión personal.