Sí, ayer con el pregón oficial a cargo de Ricardo Rodríguez dieron comienzo las fiestas en el joven barrio de Arroyo Culebro, unas fiestas que durarán todo el fin de semana y que tiene un programa bastante atractivo. Junto a mis compañeros Ricardo López y Antonio Almagro pudimos conversar con varios dirigentes de la asociación del barrio, a quienes felicitamos por seguir poniendo todo el corazón en su labor, y con muchos vecinos, entre los que se encontraba una de mis debilidades, y él sabe a quien me refiero porque frecuenta mucho los espacios cibernéticos. A quienes no vimos (y no digo que no estuvieran, sino que no vimos), fue a ningún concejal del gobierno del PP. Sí estuvieron otros representantes del resto de grupos políticos de la Corporación. La plaza Matheo Luaces estuvo muy concurrida y nos dio mucho optimismo ver la cantidad de niños y de gente joven que, cómo no, aseguran vitalidad al barrio.Dicho esto, no sólo por las fiestas está el "Arroyo" de moda, sino porque precisamente ayer tuve conocimiento del desenlace de lo que bautizamos como "caso Arroyo". Un asunto del que ya nos pronunciamos en su día e incluso hubo una sesión plenaria con este contenido. Creo que volverá a ser tema candente en la semana entrante porque se oyen voces de que una parte del PSOE quiere llevar a los tribunales al concejal de Hacienda por no cursar el nombramiento como auxiliar y cargo de confianza dentro del Ayuntamiento al ex concejal y ex director de Medio Ambiente Francisco Arroyo, procesado penalmente y pendiente de juicio oral por el "caso Cuadrifolio" y querellado en el "caso Facturas". Y considero que se equivoca esa parte del PSOE de Leganés si siguen atrincherados en su posición. La batalla de la opinión pública la tienen perdida de antemano, porque lo de la presunción de inocencia es cierto y es un derecho constitucional, pero el debate no es ese, sino el de quiénes quieren meter en el ayuntamiento a toda costa y a cualquier coste a un "presunto delincuente", y quiénes se oponen.
Y no está el horno político y social como para forzar más debates que desprestigien la ya de por sí erosionada imagen de los representantes públicos.


