Este domingo en El País Semanal se publicaba un artículo de Javier Marías titulado ¿Por qué quieren ser políticos? . Ilustrativo y elocuente de la actualidad social española. Hacía una distinción de los 5 grupos de políticos en función de los motivos que movían a las personas a entrar en "ese mundo", donde además no se tiene la admiración de nadie; se los acusa de corruptos y de títeres del poder económico:1) Sujetos mediocres que nunca podrían hacer carrera -ni tener un sueldo- si no fuera en un medio tan poco exigente como la política.
2) Sujetos que ven un modo de enriquecerse.
3) Sujetos que sólo ansían tener poder, es decir, mandar y que la gente les pida favores; tener potestad para denegar o dar y salir en televisión; en suma, ser "alguien".
4) Fanáticos de sus ideas o metas que sólo aspiran a imponerlas.
5) Individuos con verdadera vocación política, con espíritu de servicio, buena fe y ganas de ser útiles al conjunto dela población y de mejorarle las condiciones de vida, de libertad y de justicia.
Al analizar esta división de tipos ideales "weberiana" de Marías, llego a la conclusión de que no hay cosa más reaccionaria y peligrosa que deslindar como dos cosas distintas al ciudadano y al político o a la democracia y a los partidos. Si ya definía Aristóteles al hombre como un zóon politikon, sólo hay que repasar un poco la historia de la Humanidad para ver en qué regímenes no había partidos (en el mejor de los casos sólo uno, el del poder) y se desprestigiaba a los políticos: las dictaduras y los estados totalitarios.
Por eso, copio y pego las líneas finales del artículo: "¿Cómo es que no sabemos distinguir a los del quinto grupo -que los hay- ni eliminar poco a poco a los de los otros cuatro? Tal vez sería algo a lo que se podrían aplicar los integrantes del 15-M: no a descalificarlos a todos, que es lo que Franco hacía para justificar su prohibición de los partidos; sino a ir señalando con nombres y apellidos si hace falta, a la enorme cantidad de mediocres, codiciosos, corruptos, fanáticos y engreídos que se han hecho con tanto poder en España".
Y no olvidemos a los clásicos, ni a la cuna de la democracia: Grecia. Allí, se llamaba idiota ἰδιώτης, idiōtēs, de ἴδιος, idios (privado, uno mismo), al ciudadano privado y egoísta que no se preocupaba de los asuntos públicos.




