Participo hoy en este Debate sobre el Estado de la Ciudad como portavoz de ULEG y como 1er Teniente de alcalde con la templanza de quien sabe que el mejor balance no se construye con palabras, sino con hechos. Y si algo caracteriza el momento que vive Leganés es precisamente eso: que los hechos han terminado imponiéndose al ruido y al pesimismo que algunos quisieron convertir en la banda sonora de esta legislatura.
Hace
tres años, cuando asumimos la responsabilidad de gobernar en coalición, nos
encontramos con una realidad compleja. Una ciudad con enormes posibilidades,
con un tejido social extraordinario, con vecinos comprometidos y trabajadores,
pero también con proyectos paralizados y con demasiadas inercias que amenazaban
con convertir la resignación en una forma de gobierno.
Nosotros,
como ha comentado en su discurso el alcalde en nombre de la coalición decidimos
como equipo recorrer otro camino. Decidimos creer en Leganés, que esta ciudad
merecía más ambición, más gestión y más futuro.
TRANSFORMACIÓN
Y
hoy, tres años después, podemos afirmar con orgullo que Leganés ha cambiado
profundamente. Ha cambiado porque hemos recuperado la capacidad de impulsar
proyectos, porque hemos demostrado que gobernar consiste en resolver problemas
y no en fabricar conflictos. Ha cambiado porque donde antes había parálisis,
hoy hay movimiento; y donde antes algunos solo veían límites, hoy encontramos
oportunidades.
No
ha sido fácil. Nunca lo es cuando cada decisión exige equilibrio, diálogo y
trabajo. Y nunca lo es cuando estando el gobierno en minoría la oposición
decide renunciar a la construcción para instalarse permanentemente en la
confrontación.
PAPEL DE LA OPOSICIÓN
Porque
también hay que hablar de eso. Hay que hablar del papel que ha desempeñado la
oposición durante estos tres años. Y hay que hacerlo sin acritud, pero con
claridad.
La
oposición tiene una función imprescindible en democracia. Fiscalizar,
controlar, proponer alternativas y mejorar las decisiones del gobierno cuando
sea posible. Esa es una tarea noble y necesaria.
Sin
embargo, lo que hemos visto en demasiadas ocasiones ha sido algo muy distinto. Y
no nos referimos a que por algún grupo ya han pasado 3 secretarios generales y
3 portavoces en 3 años, denotando la carencia de proyecto y liderazgo. Nos
referimos a que hemos visto una oposición que confundió discrepancia con
bloqueo. Una oposición que eligió el “no” antes incluso de escuchar las
propuestas. Más preocupada por el desgaste político que por el avance de la
ciudad. Partidos que, en lugar de preguntarse qué necesitaba Leganés, se
preguntaban qué podía perjudicar al gobierno aunque en el proceso se dañara a
la ciudad, se renunciara a hacer política y se fundaran extraños matrimonios
que solo pueden generar engendros. Lo más llamativo es que ese intento
permanente de bloqueo no solo no ha logrado detener el progreso de la ciudad,
sino que ha terminado evidenciando una profunda desconexión con la realidad de
los vecinos. Están en su mundo.
Mientras
anunciaban catástrofes, los proyectos seguían adelante. Y esa es quizá la mayor
paradoja de esta legislatura .Quienes quisieron impedir los avances no lo
consiguieron. Pero sí lograron algo: quedar retratados y desperdiciar una
oportunidad histórica para contribuir al progreso de la ciudad. La aprobación
de dos presupuestos por sendas cuestiones de confianza son el mayor fracaso que
haya vivido una oposición en la historia de la democracia pepinera: ¡Vaya impericia la suya para no aprovechar
un gobierno en minoría y obtener frutos programáticos! Es triste que solo hayan
negociado tener sueldos y horarios para poder compatibilizarlos.
Porque
una legislatura es un tiempo valioso. Son años irrepetibles. Ocasiones que no
vuelven. Y los votos no se entregan para bloquear, por supuesto tampoco para
venderlos o ser comprados o vociferar que no se entregan gratis. Los votos se
entregan para construir. Los votos no son un mandato para decir “no” a todo. Son
una responsabilidad para mejorar la vida de las personas.
Por
eso hay que preguntarse cuántas propuestas podrían haber sido enriquecidas.
Cuántos consensos podrían haberse alcanzado.
DIÁLOGO FRUSTRADO
Porque
nosotros nunca hemos cerrado la puerta al diálogo. Al contrario, ha estado
abierta y con una hoja en blanco las 24 horas del día. Lo que hemos pedido
siempre ha sido algo mucho más sencillo: poner a Leganés por delante de
cualquier interés partidista.
Y,
lamentablemente, no todos han estado a la altura de esa exigencia. Frente a esa
política de trincheras, nosotros hemos defendido otra manera de entender la
vida pública.
Una política basada en la moderación, en
el equilibrio. Por eso este gobierno, gracias al papel de ULEG, a su sello, ha
llegado a acuerdos con el gobierno de la Nación, PSOE, y de la comunidad de
Madrid, PP, mientras ustedes no se ponen de acuerdo ni para aprobar sus propias
mociones. Háganselo mirar.
La
experiencia demuestra que los grandes avances de las sociedades no nacen de los
extremos. Nacen de la capacidad de encontrarse. De la inteligencia de
comprender que nadie posee toda la verdad. Y por esta línea va una de nuestras
propuestas de resolución, la de reclamar que uno de los principales problemas
de nuestros vecinos, la vivienda, sea un asunto de estado y nuestra ciudad
lidere esa bandera como Toledo fue el escenario del pacto de estado por las
pensiones.
Gobernar
desde la moderación significa asumir que las soluciones complejas rara vez
admiten respuestas simples, sectarias o unilaterales. Por eso hemos rechazado
la política de la bilis y de la tripa. Hoy en sus discursos siguen hablando
desde el estómago, pero no desde el corazón y menos aún desde la cabeza.
Después
de tres años, creo que todos hemos aprendido algo. Que existe una diferencia
enorme entre hacer oposición y oponerse a todo. Porque lo segundo no es una
estrategia política. Es una actitud vital. Y además una actitud improductiva.
Inútil. Y el esfuerzo inútil conduce a la melancolía como dijo Ortega y Gasset.
Y solo hay que ver sus discursos, ahítos de melancolía, victimismo y resquemor.
Tan previsibles como autodestructivos. Adictos a poner etiquetas y a exagerar
anécdotas ante la falta de fuste en los argumentos.
Si
alguien hubiera apostado hace tres años a cuántas veces escucharíamos el
"no" en este salón de plenos, probablemente hoy sería millonario.
No
a las inversiones. No a los proyectos. No a las mejoras. No a los acuerdos. No
a las iniciativas. No al diálogo. No, no y no. Esa sí que es la procesión más repetido.
Al santo No.
Una
oposición tan instalada en el rechazo permanente que por momentos parecía más
una costumbre, un estilo de vida, que una posición política. Oscar Wilde decía
que el cínico es aquel que conoce el precio de todo y el valor de nada. Y hemos
tenido la sensación de asistir a algo parecido: discursos capaces de encontrar
un problema en cada solución y un inconveniente en cada oportunidad. Y sin
embargo la realidad ha sido tozuda: fuera por vía de remanente, fuera por vía de
presupuesto, se invitara a negociar en persona o por correo, se llevaran
propuestas concretas o se dejara abierto el objeto de negociación, se hiciera
por separado o por conjunto, siempre la respuesta era y es la misma: no, nunca,
para nada. Rechazan hasta lo que nunca se les ha ofrecido.
Lo
que piden a través de mociones o ruegos, lo niegan cuando llega la hora de
asignar recursos.
Y
aquí a la nostalgia se le suma la frustración: Leganés, muy a su pesar, ha
seguido funcionando. Todo ello sin subir ningún tributo y liberando a Leganés
de la tasa de basura. Y lo cierto es que resulta difícil bloquear una ciudad
cuando los vecinos tienen más ganas de avanzar que algunos políticos de
impedirlo.
PROBLEMAS VS SOLUCIONES
Aún
queda un año de mandato y tienen en su mano seguir generando problemas o
trabajar en buscar soluciones. Y esas soluciones no son una tarea individual. Porque
el progreso de una ciudad nunca es patrimonio exclusivo de un gobierno. Y
precisamente por respeto a esa ciudadanía comprometida debemos reivindicar una
política mejor. Porque claro que Leganés tiene áreas donde mejorar y donde las
quejas de los vecinos son legítimas, pero no estaría mal por su parte que si no
quieren arrimar el hombro al menos dejen de poner palos a las ruedas.
Por
eso este Debate sobre el Estado de la Ciudad debe servir también para reflexionar
sobre qué modelo político queremos para el futuro. Si queremos una política
dominada por el enfrentamiento permanente o una política orientada a los
resultados.
Nuestra
posición es clara. Queremos una ciudad abierta. Leganés cumple 400 años como
villa y otra de nuestras propuestas de resolución que presentaremos va
encaminada a que este hito histórico se celebre de manera conjunta,
participativa y sea una oportunidad fantástica para hacer brillar a nuestra
localidad como lo que es: Una ciudad moderna y dinámica, donde las diferencias
ideológicas no impidan alcanzar acuerdos beneficiosos para la mayoría.
Hace
tres años asumimos la responsabilidad de gobernar con una idea clara: Leganés
no podía resignarse a gestionar la inercia. Necesitaba recuperar la ambición, volver
a creer en sí misma. Necesitaba un gobierno capaz de imaginar cómo queríamos
que fuera nuestra ciudad dentro de diez, veinte o treinta años.
Hoy
podemos afirmar que Leganés ha iniciado una transformación profunda. No voy a
reiterar lo ya comentado por el alcalde. Una transformación visible en los
grandes proyectos, pero también en los pequeños detalles. Visible en las
inversiones estratégicas, pero también en esas actuaciones cotidianas que
mejoran la vida de una familia, de una persona mayor, de un niño o de una
mascota.
Porque
gobernar una ciudad consiste precisamente en eso: en saber mirar al mismo
tiempo el horizonte y la acera.
RAFA JODAR
Hemos
trabajado para construir una ciudad más feliz y alegre, donde los vecinos vuelvan
a sentir orgullo de pertenencia. Porque las ciudades también tienen estados de
ánimo y rechazan a los aguafiestas profesionales. Y durante demasiado tiempo
Leganés parecía haber asumido que no podía aspirar a más. Nosotros nunca
aceptamos esa idea. Humildad y ambición como la que muestra una prometedora
figura del deporte con claro adn pepinero, el tenista Rafa Jódar, al que
también queremos a través de una propuesta de resolución que eternice con su
nombre las pistas de tenis del complejo deportivo de Leganés Norte que se
inició en este mandato y se terminará antes de que finalice, otro hecho de
incuestionable valor.
Siempre
creímos que esta ciudad tenía capacidad para liderar, para innovar y para
convertirse en una referencia en el sur de Madrid. Y por eso impulsamos
proyectos que hace apenas unos años parecían imposibles.
El mejor ejemplo de esa ambición tiene
un nombre propio: Solagua. El Complejo Deportivo Solagua va más allá de una
inversión, una infraestructura o una instalación deportiva. Es el proyecto más
emblemático de este siglo XXI. La
joya, declarada y legal, de la corona municipal. Y ayer mismo se aprobó en
junta de gobierno la adjudicación de unas obras que comenzarán en un par de
meses y que cristalizarán para disfrute de todos en 2 años.
El
símbolo de una nueva forma de entender el futuro de Leganés. Un espacio lleno
de recuerdos para varias generaciones, pero también un símbolo de abandono y
resignación. Nosotros decidimos cambiar esa historia. Porque los gobiernos
transformadores no se limitan a administrar lo existente. Son capaces de
recuperar sueños que parecían olvidados y convertirlos en realidades.
Solagua
es eso. La demostración de que Leganés ha recuperado la ambición de pensar en
grande. Un mensaje contra la especulación y de apuesta por lo público.
Pero
nuestra apuesta por el futuro no termina ahí.
También
hemos impulsado proyectos fundamentales para fortalecer la vida comunitaria y
la cohesión de nuestros barrios. Los nuevos centros cívicos de Arroyo Culebro y
Vereda representan mucho más que edificios. Representan espacios de encuentro,
convivencia, cultura, formación…
Porque
creemos en una ciudad donde los barrios tengan protagonismo, donde la vida
vecinal siga siendo uno de los principales patrimonios de Leganés, como lo son
las recuperadas juntas de distritos o los consejos sectoriales.
MICROURBANISMO
Este
gobierno ha entendido que la política municipal no puede quedarse en los
grandes proyectos. Porque las transformaciones urbanas son importantes, pero la
felicidad cotidiana de los ciudadanos muchas veces depende de cuestiones
aparentemente pequeñas. Y aquí quiero reivindicar una filosofía fundamental: la
del microurbanismo. La política de las pequeñas cosas. La política que presta
atención a los detalles.
Porque
una ciudad no mejora únicamente cuando inaugura grandes equipamientos. También
mejora cuando elimina molestias diarias. Cuando resuelve problemas enquistados.
Qué decir de cómo heredamos el centro de tratamiento de adicciones, las escuelas
infantiles, la escuela de música o los teatros. Pensemos, por ejemplo, en una
actuación que podría parecer menor desde fuera, pero que llevaba años generando
frustración: el conocido puente tragacamiones. Durante demasiado tiempo los
vecinos contemplaron cómo se repetían una y otra vez los mismos accidentes, los
mismos atascos y las mismas imágenes absurdas.
Muchos
asumieron que aquello era inevitable o lo querían arreglar con toneladas de
millones de euros, aderezadas con chistorras o lechugas. Nosotros no. Y la
instalación del gálibo puso fin a un problema que parecía eterno. Y esa es
precisamente la esencia del buen gobierno municipal. Resolver problemas. No
importa si son grandes o pequeños. Importa que afectan a los ciudadanos.
Donde
unos ven un palo, como quien mira el dedo cuando se señala la luna, otros vimos
una fórmula para mejorar la calidad de vida de la gente al menor coste. Ahora
parece fácil. ¿Pero por qué no se hizo antes? O cuando después de 15 años hemos
puesto a funcionar el reloj de autómatas de Plaza Mayor o sacar un proyecto
para el centro cívico de Leganés Norte, o que en todos los centros de mayores
haya cafetería y peluquería, o recuperar las Lunas del Egaleo o instalar
fuentes para mascotas y personas en la Plaza de Somoto. Insisto, si es tan fácil, ¿por qué no se hacía antes?
Miren,
y ya concluyo, gobernar bien una ciudad exige atender simultáneamente las dos
escalas. La del futuro y la del presente. Mañana tendrán otra ocasión, pudiendo
aprobar mejoras en barrios e instalaciones.
BAJEN DEL FALCON
Ojalá
en este año de mandato que queda aterricen a la esencia de la política local.
Dejen ese derrotismo que tanto se les nota dando por hecho que gobernaremos
otros 4 años porque nos atribuyen y reprochan decisiones que solo se podrán
hacer por quien gobierne el próximo mandato.
Bajen
del Falcon ideológico en el que están recluidos, pisen la calle, vivan la
ciudad, sean felices y repartan menos carnés que nadie les ha pedido. La vida es
bella.
Nunca
es tarde y estoy convencido de que los leganenses se lo agradecerán.
